Tengo una planilla que empecé en marzo de 2023. Cada vez que pruebo una herramienta de IA, anoto qué hace, cuánto tardé en entenderla, si la volví a abrir a la semana y si la volví a abrir al mes. La planilla ya pasó las cien filas. La columna «la volví a abrir al mes» tiene muchos más «no» que «sí».

Cuento esto porque la pregunta que más recibo, en reuniones, por WhatsApp, en la mesa familiar, es «¿por dónde empiezo?». Y la respuesta que aprendí a fuerza de planilla es: no empieces por las herramientas. Empezá por las categorías. Son cinco. Si entendés qué hace cada una, después elegir un producto concreto es un trámite de diez minutos.

Aviso importante: en este artículo no voy a nombrar marcas ni hacer un ranking. No por misterio, sino porque cambian demasiado rápido. Herramientas que en 2024 me parecían imprescindibles hoy no existen. Prefiero que el artículo siga sirviendo dentro de un año.

1. Asistentes de texto

Son la puerta de entrada de casi todo el mundo, y con razón. Escribís algo en castellano, el sistema te contesta con texto. Un borrador, una explicación, un resumen, una lista.

En mi planilla, es la única categoría donde la columna «al mes» dice «sí» de manera consistente. Los uso para redactar correos que me da pereza escribir, para resumir informes que me mandan a las 18:50 del viernes, y para algo que no esperaba: para pensar. Escribirle a un asistente «tengo este problema, hacéme preguntas para ayudarme a ordenarlo» es de las cosas más útiles que hago en la semana.

Lo que hay que saber: inventan. Cualquier dato concreto que te den, verificalo. Y antes de pegar información sensible, leé qué hace el servicio con lo que escribís. Casi todos tienen una versión gratuita con límite diario, que alcanza de sobra para aprender.

2. Generadores de imágenes

Describís una imagen con palabras y el sistema la produce. «Una ilustración plana de una oficina luminosa con plantas, estilo minimalista». Treinta segundos después, la tenés.

Acá voy a ser honesto: en mi trabajo diario los uso poco. Sirven para bocetos, para mostrarle a un diseñador «algo así quiero», para ilustrar una presentación interna. Un cliente del rubro inmobiliario los usa para imaginar cómo quedaría un ambiente con otra decoración, y le sirve. Pero como herramienta de todos los días, para la mayoría de las oficinas, es la categoría más prescindible de las cinco.

Lo que hay que saber: el uso comercial de lo que generás depende de las condiciones de cada servicio, y no son todas iguales. Los textos dentro de las imágenes salen mal casi siempre. Y no generes imágenes de personas reales sin su consentimiento; además de una cuestión ética, en varios países ya es un problema legal.

3. Transcripción y notas de reuniones

Esta categoría me cambió la semana laboral, y no exagero. Graban el audio de una reunión (presencial o por videollamada), lo convierten en texto, y muchas además producen un resumen con los temas tratados y los pendientes.

Antes salía de cada reunión con notas a medias y la sensación de haberme olvidado algo. Ahora salgo con una transcripción completa y un resumen que reviso en tres minutos. En un equipo con el que trabajé el año pasado, la cantidad de «¿qué habíamos quedado con esto?» por WhatsApp bajó de forma visible en dos semanas.

Lo que hay que saber: avisá siempre que estás grabando. Siempre. En muchos lugares es obligación legal, y en todos es una cuestión de respeto. Y los nombres propios y términos técnicos salen mal con frecuencia, así que la transcripción se revisa antes de compartirla.

4. Traducción

Si tu último contacto con un traductor automático fue hace cinco años, la diferencia te va a sorprender. Los sistemas actuales entienden contexto, expresiones, registro formal o informal. Le pego un manual técnico en inglés y lo leo en castellano sin sufrir.

Lo uso para documentación de proveedores, para entender correos de contrapartes del exterior y para armar un primer borrador en inglés que después corrijo. Para todo eso, funciona muy bien.

Lo que hay que saber: un contrato, un documento oficial, cualquier cosa con peso legal, va a un traductor profesional. La herramienta te da una versión de trabajo para entender de qué se trata. La versión final la firma una persona.

5. La IA que ya está adentro de lo que usás

Esta es la categoría de la que menos se habla y probablemente la que más uses sin darte cuenta. El correo que te sugiere una respuesta. El procesador de texto que resume un documento. La hoja de cálculo que te propone una fórmula cuando escribís en castellano lo que querés calcular. El gestor de tareas que ordena prioridades.

No hay que instalar nada ni aprender nada nuevo. Son funciones chicas que ahorran tiempos chicos, muchas veces al día. Y suman.

Lo que hay que saber: muchas vienen activadas por defecto. Vale la pena meterse en la configuración de privacidad de cada aplicación y decidir conscientemente qué querés activo. No es paranoia; es saber qué está pasando con tus datos.

Cómo elegir sin perder tiempo

Después de cien filas de planilla, mi método es simple. Primero identificá cuál es tu problema, no el que te dicen que tenés:

Si lo que te pasa es…Empezá por…
Escribir me lleva demasiado tiempoUn asistente de texto
Salgo de las reuniones sin saber qué quedamosTranscripción y notas
Trabajo con documentación en inglésTraducción
Necesito mostrar visualmente una idea rápidoUn generador de imágenes
El día se me va en tareas chiquitasLas funciones de IA de las apps que ya usás

Después, elegí una sola herramienta de esa categoría y usala dos semanas en tareas reales. No la evalúes con pruebas de juguete; evaluala con el correo que tenés que mandar hoy. Recién después de esas dos semanas tiene sentido comparar con otra, porque ya vas a saber qué te importa.

Antes de adoptar cualquiera, cinco preguntas

Son las que hago yo antes de agregar una fila a la planilla, y las que le recomiendo a cualquier equipo:

  • ¿Leí qué hace el servicio con mis datos, o solo apreté «acepto»?
  • ¿Puedo probarla sin dar datos personales, o me pide una cuenta completa antes de mostrarme nada?
  • ¿El plan gratuito alcanza para lo que quiero hacer, o es una demo de dos usos?
  • ¿Tengo claro qué voy a verificar a mano en cada resultado?
  • Si la uso en el trabajo, ¿mi organización tiene alguna política al respecto? Si no la tiene, ¿debería?
Lo que aprendí de la planilla: la herramienta que más rinde no es la más potente ni la más nueva. Es la que abrís al mes sin que nadie te lo recuerde. Elegí por eso.

Este artículo refleja la experiencia y la opinión del autor y tiene fines informativos y educativos. No incluye enlaces patrocinados ni recomendaciones pagas. Las funcionalidades descritas pueden variar según el proveedor y el momento.